De las plazas públicas al aula regular: el nacimiento del Equipo Integrado Carabobo
En sus inicios, el profesor Campos fue enviado con la misión de atender a una población de personas con discapacidad visual que ya se encontraba censada, según los informes suministrados a la Dirección de Educación Especial del Ministerio de Educación. Sin embargo, al no recibir el censo oficial por parte de la persona solicitante, el profesor junto a la trabajadora social Magalis de Echarri, tomó una iniciativa pionera: realizar pruebas de despistaje de agudeza visual en diferentes plazas públicas de Valencia.
Las personas evaluadas, principalmente niños y jóvenes, eran enviadas posteriormente a consultas con oftalmólogos que prestaban su colaboración gracias a las gestiones realizadas tanto por la Trabajadora Social como por el docente especialista en funciones. Esta misma acción se llevaba a cabo en diferentes instituciones educativas, escuelas y liceos de la ciudad, captando a estudiantes que presentaban algún problema visual, los cuales eran enviados a evaluación oftalmológica.
Debido a lo arduo del trabajo, estudiantes de cuarto y quinto año de algunos liceos de la ciudad se incorporaron como colaboradores para agilizar esta labor. Estos alumnos, previo entrenamiento por parte del profesor Campos, procedían a aplicar la prueba de agudeza visual en los planteles educativos.
De este modo se logró conformar la primera matrícula de estudiantes para el recién creado Equipo Integrado Carabobo. La atención inicial incluyó las siguientes áreas:
- La enseñanza del sistema braille.
- El manejo del ábaco.
- Las actividades de la vida diaria y la orientación y movilidad.
Asimismo, se trabajó en la integración activa del núcleo familiar en el desarrollo educativo del alumno, pues el equipo estaba convencido de que la participación de la familia era fundamental en el proceso de integración escolar.
Rompiendo paradigmas: la figura del docente itinerante
Ante el dilema de qué hacer con los alumnos tras su preparación básica, el Equipo Integrado Carabobo asumió el reto de integrarlos a la escuela regular. Esto requirió un trabajo arduo de sensibilización dirigido al personal directivo, docente y administrativo, así como a los propios estudiantes de las escuelas comunes.
Para acompañar este proceso sin vulnerar la autonomía del estudiante, surgió la figura del docente itinerante. Su rol consistía en orientar y apoyar tanto al maestro regular como al alumno con discapacidad visual y a su familia sobre cómo atender las necesidades del estudiante, tanto en el aula como dentro del núcleo familiar y comunitario. Esto le permitía vivir su propia experiencia como un miembro más del grupo escolar y familiar, pues solo así se podría alcanzar una integración plena dentro de la sociedad.
Durante este proceso debieron superarse importantes mitos sociales:
- El temor al rechazo y la burla: Contrariamente a la creencia de que los compañeros se mostrarían hostiles, la tendencia inicial fue de sobreprotección. Esto obligó a los especialistas a orientar a los alumnos sobre los límites de la ayuda para fomentar una plena autonomía por parte del estudiante con discapacidad visual.
- La resistencia de los docentes regulares: Muchos alegaban no estar preparados, para atender a un estudiante con discapacidad visual, una barrera que se superó gracias al sólido acompañamiento y formación brindada por el profesor Rafael Campos y la trabajadora social Magalis de Echarri. A este esfuerzo se sumó el pequeño número de docentes que el Ministerio de Educación iba incorporando paulatinamente, motivado por los resultados positivos que se obtenían.
Debido al número de docentes y especialistas nombrados por el ministerio, fue necesario designar un Director, recayendo dicha designación en el profesor Rafael Campos, quien desde este nuevo rol continuó diseñando estrategias para garantizar la integración escolar de los niños y jóvenes que día a día se incorporaban a la matrícula de la institución.
Es importante acotar que los gastos generados por la itinerancia, tanto de los docentes como del equipo técnico, eran sufragados por cada uno de los funcionarios, debido a que nunca fue posible obtener la aprobación de una partida presupuestaria para dichos gastos por parte de ningún ente del estado. Esta realidad enaltece, sin duda, la labor realizada por este grupo de profesionales.
Incorporación de los Docentes de las Aulas Integradas a la Atención de los Estudiantes con Discapacidad Visual
Dado que el docente itinerante debía desplazarse permanentemente a otras instituciones educativas y núcleos familiares para acompañar, apoyar y orientar el proceso de integración, y ante la necesidad de atención constante en el aula, el Equipo Integrado Carabobo adoptó una nueva estrategia. Liderado por el Profesor Rafael Campos, inició un proceso de entrenamiento e incorporación paulatina de los docentes de aulas integradas para la atención educativa de los estudiantes con discapacidad visual que ya formaban parte de las diferentes instituciones escolares.
Creación de las extensiones operativas
Para el Equipo Integrado Carabobo no bastaba con garantizar la atención educativa integral solo a las personas con discapacidad visual que habitaban en la ciudad de Valencia y sus municipios cercanos. Por ello, el profesor Campos y su equipo buscaban maneras para extender este servicio a otros municipios foráneos.
En 1983, la entonces Sociedad Carabobeña de Ciegos Trabajadores (hoy Asociación Carabobeña de Personas con Discapacidad Visual), a través de su presidente, Benigno Barboza, solicitó al presidente Luis Herrera Campins la designación de un docente para atender los municipios Puerto Cabello y Juan José Mora. Barboza sentía una gran preocupación por la falta de atención educativa hacia los afiliados que, para ese momento, se concentraban principalmente en la costa. Gracias a estas gestiones se logró el nombramiento del docente, cuya misión era atender a la población con discapacidad visual de dichos municipios.
Este docente fue incorporado a la nómina del Equipo Integrado Carabobo, y fue así como el profesor Campos consiguió la estrategia para brindar atención educativa en las regiones foráneas, mediante la creación de extensiones del Equipo Integrado Carabobo. Aunque este proyecto fue rechazado inicialmente por la Zona Educativa, permitiendo únicamente que el docente gestionado por la Sociedad Carabobeña de Ciegos Trabajadores ejerciera actividades en los municipios costeros, más tarde las autoridades educativas se convencieron de que esta era la única manera de garantizar la atención a esa población desatendida. Como consecuencia, se nombraron docentes para las extensiones del occidente (Miranda, Bejuma y Montalbán) y del oriente de Carabobo (Guacara, Mariara y San Joaquín).
Este esfuerzo pionero en Carabobo pavimentó el camino para que dirigentes de otras regiones impulsaran la integración educativa en todo el país, lo que culminó formalmente con la aprobación del documento de conceptualización de las políticas de educación especial en una consulta nacional en el año 1997.
Un cambio de paradigma frente a la segregación
Antes de 1981, la única alternativa para la educación de un niño con discapacidad visual era la modalidad segregada bajo el régimen de internado en ciudades como Caracas, Maracaibo, San Cristóbal y posteriormente, Barquisimeto, lo que implicaba el desarraigo del núcleo familiar. Muchos de aquellos niños enfrentaron el abandono de sus familiares y retos complejos sin ningún tipo de apoyo. Por otro lado, aquellos que sí contaban con el respaldo de sus familias debieron vencer múltiples barreras y rechazos sociales para continuar con su prosecución escolar, ya que en estos internados solo se les garantizaba la educación hasta el sexto grado.
La labor visionaria del profesor Rafael Campos, la profesora Magalis de Echarri y todo el equipo interdisciplinario que conformaba el Equipo Integrado Carabobo, demostró que la inclusión educativa no solo era posible, sino que la transformó en una política de Estado que cambió la vida de cientos de venezolanos.
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